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Descubren inmunidad específica de cepa para enfermedad de Lyme

Por el equipo editorial de LabMedica en español
Actualizado el 08 May 2014
Imagen: Microfotografía electrónica de barrido de la espiroqueta, Borrelia burgdorferi, una bacteria larga, delgada que típicamente toma una forma en espiral. La infección con esta bacteria causa la enfermedad de Lyme (Fotografía cortesía de Tina Carvalho).
Imagen: Microfotografía electrónica de barrido de la espiroqueta, Borrelia burgdorferi, una bacteria larga, delgada que típicamente toma una forma en espiral. La infección con esta bacteria causa la enfermedad de Lyme (Fotografía cortesía de Tina Carvalho).
Muchos pacientes tratados para la enfermedad de Lyme se infectan nuevamente en años subsiguientes, sugiriendo que la exposición previa a la bacteria Borrelia burgdorferi puede no provocar una respuesta inmune protectora.

Se ha demostrado que al menos 16 cepas diferentes de la bacteria de la enfermedad de Lyme infectan a las personas en los Estados Unidos, por lo que de haber sido picado por una garrapata que lleva una cepa diferente de la enfermedad es totalmente posible.

Científicos de la Universidad de Pensilvania (Filadelfia, PA, EUA) y sus colaboradores analizaron la aparición de cepas idénticas de B. burgdorferi en una cohorte de 17 pacientes con múltiples episodios de eritema migrans, confirmados mediante cultivo. Los investigadores usaron, tanto los análisis de probabilidad multinomial como un modelo de simulación estocástica para evaluar si sólo uno o menos de 17 pacientes tenían probabilidad de tener cepas idénticas de B. burgdorferi en las infecciones recurrentes debidas únicamente a la casualidad. Todos los análisis calcularon la probabilidad de recuperar una cepa particular de B. burgdorferi a partir de un paciente debido únicamente a la casualidad, en base a datos empíricos de los pacientes.

El modelo les permitió a los investigadores variar las suposiciones tales como la presencia o ausencia de la inmunidad de tipo específico, la duración de la inmunidad, y la duración de tiempo en que en un paciente era factible que hubiese sido picado por una garrapata, o en otras palabras, el tiempo desde la primera consulta en la clínica hasta la última consulta, o desde la primera consulta hasta la finalización del estudio.

Los resultados de todas las simulaciones indican que la inmunidad específica de cepa tendría que durar, por los menos cuatro años con el fin de producir la serie de infecciones que los 17 pacientes adquirieron. Cuando se utilizaron los parámetros del modelo con los datos reales de 200 pacientes que habían sido infectados, por lo menos una vez, con una cepa conocida de B. burgdorferi, la simulación demostró que la inmunidad dura un intervalo de seis a nueve años. El único paciente infectado por la misma cepa, en dos ocasiones, en realidad se infectó con la enfermedad de Lyme en cuatro oportunidades en seis años, adquiriendo la cepa K dos veces, con cinco años de diferencia, con una infección por una cepa diferente en medio.

Los autores llegaron a la conclusión de que es muy poco probable que sólo uno de los 17 pacientes hubiese sido infectado con una cepa idéntica de B. burgdorferi en un episodio recurrente de la enfermedad de Lyme en ausencia de la inmunidad específica de cepa. Además, la duración de la inmunidad específica de cepa tenía que ser por lo menos cuatro años para explicar los datos observados realmente. La presencia y la larga duración de la inmunidad específica de cepa, que los modelos sugieren implican que los seres humanos, una vez infectados, tienen muy poca probabilidad de adquirir una infección subsiguiente causada por la misma cepa de B. burgdorferi.

El hecho de que la inmunidad específica de cepa es duradera tiene implicaciones para el diseño de vacunas. Dustin Brisson, PhD, un profesor adjunto y autor principal del estudio, dijo: “Si se pudiera hacer una vacuna que cubre algunas de estas cepas, se podría reducir sustancialmente la probabilidad de infección en las personas vacunadas. La vacuna podría durar varios años, tal vez requiriendo una dosis de refuerzo una vez cada varios años”. El estudio fue publicado en la edición de abril de 2014 de la revista Infection and Immunity.

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University of Pennsylvania


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